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La llegada de Joaquín Cosío a la actuación no fue parte de una estrategia; de pequeño no soñaba con los escenarios, y mucho menos pensaba que un día participaría en una superproducción hollywoodense, como 007 Quantum, al lado de Daniel Craig, que se estrena el próximo viernes.
En su juventud comenzó a escuchar el llamado del espectáculo, y el destino poco a poco se encargó de poner en su camino las oportunidades que lo llevarían a traspasar fronteras.
"Empecé a trabajar haciendo teatro, a los 17 o 18 años. De pronto, en la preparatoria se creó un grupo, me invitaron, y fui para ver de qué se trataba; desde entonces, no he dejado de hacerlo. Yo no tomé la decisión, fue un acto de vocación natural", asegura el actor.
Durante más de 20 años, Joaquín se dedicó a hacer teatro sin recibir un peso por su trabajo; su mayor recompensa: la satisfacción de estar en el templete.
Para sobrevivir, el licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Chihuahua se dedicaba a ejercer su carrera en Ciudad Juárez.
"Era periodista, hacía diseño gráfico, radio. Luego fui maestro, dirigía la imprenta universitaria, de ahí sacábamos libros de la universidad y el periódico. Tenía una vida decente, seria y feliz, hasta que se me ocurrió venirme a México", dice entre risas.
Tomó la decisión después de que fue invitado a ser parte de la Compañía Nacional de Teatro.
"Para entonces ya estaba grande, tenía 38 años. Decidí dejar todo e iniciar una carrera difícil, llena de incertidumbre, pero que, hasta la fecha, ha sido muy generosa".
Una vez que se instaló en la Ciudad de México realizó su primera obra: Felipe Ángeles. Gracias a su desempeño en teatro comenzó a obtener oportunidades en cine, la primera de ellas de la mano de Marcel Sisniega, en Una de Dos. A esa película siguieron Sin Ton ni Sonia y El Tigre de Santa Julia, y, aunque la suerte parecía sonreírle, esta de pronto comenzó a extinguirse.
Nuevamente, la suerte parecía estar de su lado, Joaquín fue aceptado en los tres proyectos cinematográficos para los que había hecho pruebas: Cero y Van Cuatro, Zapata y Matando Cabos; ahora tenía que decidir cuál hacer y optó por el de Matando… lo que dio un giro de 180 grados a su carrera, pues, como "Mascarita" cautivó a casi todo el que veía la cinta.
"Es todavía divertidísimo ver cómo la gente quiere a este personaje, se queda con él. Es una experiencia que tienes que aprender a manejar".
Desde ese momento, el histrión se sumió en una vorágine de ofertas en el cine nacional, hasta que llegó una que lo marcaría.
El rostro, que siempre pensó que no podía funcionar en cine, llamó la atención de Marc Forster, director de la nueva cinta de James Bond, y gracias a eso obtuvo el papel del general Medrano.
"He sido muy afortunado. Yo, el actor juarense ¿trabajando en Londres? Es maravilloso", comenta.
A pesar de haber llegado a Hollywood, Joaquín sigue haciendo castings y espera que su participación en 007 Quantum le abra más puertas internacionales pero, de no ser así, es feliz dando vida a historias mexicanas.
"Mi carrera es la misma. Actuar es lo mismo. Tengo un compromiso con un personaje y con una historia y eso es lo que cuenta; entonces, bienvenido Hollywood, pero bienvenidos también los cortos".
amc
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